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Fava asturiana de Villaviciosa: la mejor de Asturias por su piel fina y mantecosa
En Villaviciosa se produce la fava asturiana que el jurado ha considerado la mejor de Asturias. La indicación geográfica protegida garantiza que todo el proceso, desde la semilla hasta el envasado, se realiza dentro de la región. El cultivo comienza en mayo con la siembra en bandejas y la plantación posterior. La recolección tiene lugar entre septiembre y octubre, tras seis meses de trabajo intenso que dependen de las condiciones meteorológicas. Los responsables destacan la piel fina y la textura mantecosa del producto como sus principales cualidades. Para cocinar una buena fabada recomiendan paciencia y utilizar un género de primera calidad como este.
Los limones de Coirós pesan más de un kilo gracias a la ceniza del churrasco
En Coirós un agricultor local exhibe limones de tamaño excepcional que superan el kilo de peso. Uno de los ejemplares pesa 1.181 gramos y contiene alrededor de 200 mililitros de zumo, el cuádruple de un limón convencional. El secreto del cultivo reside en la aplicación de ceniza procedente de churrascos junto con un trato muy cuidadoso de las plantas. El vídeo también destaca que en la zona todo se produce a gran escala, incluyendo lechugas de dimensiones notables.
El relevo generacional llega al campo gallego: jóvenes apuestan por la ganadería y agricultura
En Galicia el campo envejece pero cada vez más jóvenes deciden dedicarse a la ganadería y la agricultura como forma de vida. Los estudiantes explican que siempre fue su pasión y que estudian para poder formar su propio futuro con una granja propia. Destacan que cultivar hortalizas, patatas y tener animales de producción permite autoabastecerse y reduce la dependencia del supermercado. Con 200 alumnos actualmente en el centro formativo, consideran que el relevo generacional es necesario porque el rural es lo que mantiene la ciudad y permite que el mundo siga viviendo.
¿Malapata o Chumba? Los motes más curiosos que aún perduran en España
En muchos pueblos de España los motes siguen siendo más reconocibles que los nombres propios. Surgen por oficios, anécdotas familiares o características físicas y se heredan de generación en generación. Durante una conversación distendida, varios participantes compartieron ejemplos como Malapata, Chumba, los Panochas o Cagaduros. Algunos recordaron motes de Las Palmas y de pueblos valencianos como Churilla. Aunque se considera que esta costumbre está perdiendo fuerza, los testimonios demuestran que aún despierta interés y nostalgia entre quienes los conservan.