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El problema no acaba con las llamas: escorrentías amenazan la Sierra de Espadán

Tras el incendio en la Sierra de Espadán el suelo quemado presenta un nuevo riesgo: las escorrentías. Sin vegetación que retenga el agua, las primeras gotas de lluvia compactan el terreno y generan flujos superficiales que pueden arrastrar cenizas e inundar zonas bajas. Expertos como Artemi advierten de que el suelo se ha vuelto hidrófobo por sustancias generadas por el fuego. Esta repelencia al agua prolonga el tiempo en que la lluvia se convierte en escorrentía, elevando el peligro durante las tormentas. Aunque las lluvias intensas de finales de verano suelen ser localizadas, las precipitaciones de otoño en la vertiente mediterránea exigen proteger los suelos. Una señal positiva es la caída de acículas de los pinos quemados, que actúan como acolchado natural y favorecen la infiltración.