Las protestas estudiantiles en Francia han puesto en evidencia el grave deterioro del sistema educativo público tras cuatro décadas de abandono. Imágenes de institutos en llamas, menores heridos y más de seis mil detenciones han circulado por todo el mundo.
El origen se remonta a los años sesenta, cuando se construyeron escuelas de forma masiva y económica para atender al baby boom. En 1986 el Estado transfirió estos edificios a ayuntamientos y regiones, lo que agravó las desigualdades según los recursos de cada territorio.
Hoy el 85 % de los centros contiene amianto, un 25 % corre riesgo de inundación y muchos alumnos evitan los baños por suciedad. La escasez de profesores, con salarios cercanos al mínimo y condiciones precarias, ha provocado que falte al menos un docente en más de la mitad de las escuelas.
Las ratios medias de 35 alumnos por aula afectan especialmente a zonas vulnerables como Saint-Denis, origen de las protestas. El último informe PISA confirma el descenso histórico del nivel educativo y el aumento de las desigualdades entre ricos y pobres.