En un convento, una joven se dedica a maquillar a los difuntos, un oficio que despierta curiosidad y algún que otro escalofrío. En una charla informal con Mariano, cuenta que recibe peticiones variopintas de las familias: desde labios rojos y tacones hasta looks inspirados en David Bowie.
"No me pongas muy estucao", pide ella misma para su futuro, prefiriendo un aspecto natural. Explica que deben ajustar detalles como plataformas en los zapatos para que quepan en el ataúd y que la barba o la ropa la elige la familia. Le da igual la superstición: habla con los cuerpos, les cuenta chistes y se lo pasa bien en el proceso.
Mariano menciona la película japonesa 'Despedidas', una historia intensa sobre alguien en su mismo oficio, llena de respeto y meticulosidad. Ella coincide en que los japoneses tratan estos rituales con mucho amor, aunque critica a algunos colegas que exageran en el maquillaje, dejando los cuerpos en posturas poco naturales.