Jesús Manuel García González, conocido como Chusma, representa la quinta generación de alfareros en el Obrador del Alfarero de Portillo. Desde los ocho años combinó la escuela con el trabajo en el taller familiar, donde aprendió el oficio junto a su padre y su tío.
El pueblo de Portillo fue durante décadas el principal núcleo alfarero de Castilla y León, con cerca de cincuenta talleres que daban empleo directo e indirecto a casi toda la población. Objetos cotidianos como botijos, cántaros, cazuelas y pezoneras de barro se producían para cubrir las necesidades básicas de los hogares.
Hasta los años cincuenta la alfarería constituía la base económica del municipio y determinaba el ritmo de vida de sus habitantes.