Hannah Arendt presintió la tormenta fascista en una ciudad tensa por migrantes y resentimientos
Hannah Arendt se topó con una ciudad vibrante pero preñada de tensiones en la Alemania de entreguerras. Allí bullía un resentimiento profundo entre trabajadores desempleados y deprimidos por un lado, y una élite cultural libertina y sexualmente libre por el otro. Al mismo tiempo, flujos masivos de romaníes, judíos, eslovacos y polacos cruzaban fronteras desdibujadas tras la Primera Guerra Mundial, dejando a miles sin hogar en un mundo en constante cambio. Ese miedo visceral al futuro facilitó la retórica de Hitler, que pintaba a los migrantes judíos como indigentes amenazantes en las puertas de Europa. Era, en palabras del análisis, la receta perfecta para el fascismo, como el momento previo a la tormenta.