España registra 3,8 millones de viviendas vacías según el último censo del INE. La mitad de estas propiedades se encuentra en pueblos de menos de 10.000 habitantes, donde reside solo el 20% de la población.
Las grandes ciudades concentran empleo y demanda, pero la oferta de vivienda es limitada. Muchos inmuebles vacíos pertenecen a herencias sin resolver o no están en condiciones de ser habitados.
El ejemplo de Armilla en Soria muestra que ofrecer vivienda rehabilitada y un puesto de trabajo puede atraer familias. Sin embargo, la falta de servicios y oportunidades en el entorno rural impide un traslado masivo.
El país enfrenta un desequilibrio territorial más que una escasez absoluta de viviendas.