El segundo río más largo de Europa atraviesa una situación crítica por la sequía prolongada. El Danubio registra caudales mínimos en varios tramos, lo que complica el transporte de mercancías, el turismo fluvial y el funcionamiento de infraestructuras energéticas.
En Hungría, la central nuclear de Paks, responsable del 40% de la electricidad del país, depende del agua del río para refrigerar sus reactores. Tres de ellos ya han sido desconectados y el primer ministro Peter Mayar no descarta el cierre total si el nivel sigue bajando.
Las autoridades han impuesto restricciones de consumo de agua en decenas de localidades y han pedido a empresas y ciudadanos que limiten el uso de energía. Situaciones similares afectan a Rumanía, que ha declarado el estado de emergencia nacional, así como a Serbia y Bulgaria.