Dos semanas después del doble terremoto, los equipos de rescate han pasado de buscar supervivientes a recuperar cadáveres en las zonas más afectadas. En Tanaguarena, un edificio semicolapsado sigue arrojando cuerpos mientras un equipo de RTVE documenta el trabajo de los rescatistas.
El interior del inmueble presenta una inclinación de unos 30 grados, techos caídos y un calor extremo que dificulta las labores. Los profesionales se enfrentan además al riesgo de caídas, ambientes insalubres y al impacto psicológico de trabajar entre restos en descomposición.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud citados en el reportaje, hasta un 60% de los rescatistas puede sufrir síndrome de burnout, uno de cada cinco estrés postraumático y un 30% trastornos del sueño.