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William Quinn: 'La tortura es ineficaz e inmoral' y mancha la justicia del 11S

William Quinn se encontraba en Corea cuando el Pentágono lo destinó a Abu Ghraib en 2005 para ayudar a limpiar el escándalo de torturas. El joven interrogador de 23 años encontró miles de detenidos en tiendas y normas estrictas que prohibían amenazas físicas y exigían grabar todos los interrogatorios. Quinn interrogó a cientos de personas vinculadas con Al Qaeda manteniendo conversaciones para generar confianza. Considera que la tortura es ineficaz e inmoral y que la mancha de Abu Ghraib impide hacer justicia a las víctimas del 11S. El supuesto cerebro de los atentados permanece en Guantánamo sin juicio. El juez ha rechazado una confesión clave porque fue obtenida tras años de torturas.