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Una viuda millonaria financió a Tchaikovsky con la condición de no verse nunca

En 1876 el compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovsky, que atravesaba graves dificultades económicas, recibió una carta inesperada de una mujer adinerada que le proponía financiarlo. La remitente, identificada como Nadezhda Bomek, viuda de un magnate del ferrocarril, estableció una condición singular: que nunca se encontraran personalmente. Bomek expresaba en su misiva que prefería seguir imaginando al músico a través de sus obras y que la correspondencia epistolar sería suficiente para mantener el vínculo. El acuerdo permitió a Tchaikovsky continuar su labor creativa sin que se produjera ningún encuentro directo entre ambos. Años después, el compositor llegó a ver a su benefactora de lejos en Florencia, aunque respetó estrictamente la regla pactada y no intentó acercarse.