El Vaticano vigiló el cine como una cuestión de Estado durante décadas
Durante décadas la Santa Sede consideró el cine una cuestión de Estado y lo sometió a vigilancia constante. El historiador Román Gubern participó en comisiones cinematográficas en Roma y describe en su libro cómo se elaboraban listas de películas con valor artístico o espiritual. Entre las obras recomendadas figuran títulos clásicos como Ben-Hur o La pasión de Juana de Arco, pero también cintas inesperadas como 2001: Odisea en el espacio o películas de Andrei Tarkovsky. Sin embargo, otras producciones como Viridiana de Buñuel fueron duramente atacadas y prohibidas en España. Martin Scorsese generó polémica con La última tentación de Cristo, aunque años después su filme Silence fue bien recibido en círculos católicos. El relato muestra la evolución de la relación entre el Vaticano y el séptimo arte.