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Los viejos trenes me llevaban al paraíso: nostalgia de los veranos en la sierra

El narrador rememora con emoción los viajes en tren que realizaba de niño hacia el pueblo de su infancia en la sierra. Cada verano, la llegada a la Estación del Norte marcaba el inicio de una experiencia única llena de aromas a brea y carbonilla, sonidos de ruedas sobre las vías y el paisaje que se transformaba ante sus ojos. Los recuerdos incluyen momentos de libertad como caminar por las traviesas, asomarse por las ventanas o incluso sentarse en los escalones con la puerta abierta, sensaciones que hoy resultan inconcebibles. El destino era una pequeña estación rodeada de pinares donde la vida transcurria sin pantallas ni redes, entre bosques, prados y el sonido de los trenes. En días en que la actualidad resulta abrumadora, el autor busca refugio en estos recuerdos de una existencia más sencilla y auténtica, evocando la banda sonora de aquellos veranos con canciones de radio que acompañaban su infancia ferroviaria.