Con CI de 160, niño superdotado charlaba con adultos y guardaba rebeldía en silencio
Una persona con un cociente intelectual de 160 recuerda su infancia marcada por la ausencia de referentes familiares o entre primos que compartieran su nivel de inteligencia. Desde muy pequeño, los vecinos lo observaban bajar al parque no para jugar con niños, sino para charlar con adultos, haciendo preguntas constantes que revelaban su carácter inquisitivo. Aunque al principio lo veían como algo normal, su tendencia a recluirse en sí mismo definía su rebeldía: interna y silenciosa, sin ridiculizar a otros ni provocar conflictos, atribuyendo la incomprensión a la ignorancia ajena.