La casita de Bad Bunny pasa de emblema puertorriqueño a producto del capitalismo
El texto analiza la evolución simbólica de la casita puertorriqueña que Bad Bunny incorporó a sus presentaciones. Aparecida primero como reclamo de autenticidad y origen, ganó visibilidad global durante la Super Bowl al ritmo de clásicos del reggaetón. En España, sin embargo, la misma imagen se percibe como un recurso de marketing que excluye y mercantiliza. La narradora señala cómo un símbolo de convivencia se convierte rápidamente en producto que responde a las reglas del mercado y no a las intenciones originales de inclusión. El discurso destaca el contraste entre el momento de febrero, cargado de dignidad para la comunidad latina, y su uso posterior en junio, donde se asocia con dinámicas de selección y exclusión en el público.