Una narradora relata su experiencia en un autobús durante la visita del Papa a la ciudad. Los cortes de metro obligaron a usar el bus, donde fallaron los pagos con tarjeta y teléfono, y el conductor reaccionó con gritos y exigencias. La escena desató una cadena de irritación entre pasajeros y conductores.
La reflexión deriva hacia Maritaxi, figura que representa a quien puede permitirse taxis, trabajo remoto y servicios privados. Esta distancia con el transporte y los espacios públicos masificados genera, según el texto, una brecha de humor y bienestar que la clase trabajadora no alcanza.
El relato critica cómo el dinero permite escapar del caos cotidiano y reclama mayor redistribución para que más personas accedan a esa comodidad.