En pleno directo de un programa de charla, el presentador lanza una broma habitual: invita al público a levantarse y romper algo si quiere. Nadie le hace caso hasta que Alejandra, una espectadora, decide tomarlo en serio y destroza parte del decorado.
La presentadora agradece efusivamente a Alejandra por su atrevimiento, llamándola la única que le ha hecho caso y abriendo 'un nuevo sendero'. Un fuerte aplauso resuena para ella y para otro participante que sigue su ejemplo, convirtiendo la broma en una lección de humildad para el conductor.
'Gracias por ponerme en mi sitio', dice el presentador, reconociendo que se le había subido la situación a la cabeza. Aunque advierten que 'ya no hay nadie al volante', deciden continuar con el programa a pesar del caos.