El traslado del cuadro Guernica, obra icónica de Pablo Picasso que denuncia el sufrimiento civil durante la Guerra Civil española, sigue siendo objeto de debate tanto político como patrimonial. Técnicos expertos coinciden en que la fragilidad y las restauraciones sufridas por la obra hacen que cualquier movimiento de la misma sea una maniobra extremadamente delicada y riesgosa.
El último traslado significativo del Guernica tuvo lugar en la década de 1990, cuando fue trasladado desde el Cason del Buen Retiro al Museo Reina Sofía. Debido a que el lienzo no puede enrollarse por estar endurecido, el traslado se realizó extendido, requiriendo la demolición de una pared, el uso de grúas y un camión especial que superaba la altura normal, además de un operativo de seguridad para protegerlo de posibles atentados.
Desde el punto de vista político, hay propuestas para trasladar el cuadro a territorios afectados por bombardeos durante la guerra, como Euskadi, lo que añade una dimensión simbólica a esta discusión. Sin embargo, el consenso técnico es que cualquier traslado adicional debe evaluarse con sumo cuidado para preservar la integridad del Guernica.