Clara recibe elogios por su belleza y recuerdos de una infancia inocente
Un hombre dirige palabras suaves a Clara, destacando su belleza tanto con gafas como sin ellas. La describe acurrucada en la cama, como una niña que acaba de lavarse la cara y rezar sus oraciones. Evoca su infancia con cabellos largos, comiendo moras y buscando nidos de pájaros, y menciona una muñeca sin cabeza. La escena concluye con una invitación a bailar la próxima semana con un vestido blanco y cinta en el pelo.