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Las ciudades incas siguen la forma de las montañas sin alterarlas

Las antiguas ciudades incas se caracterizaban por su integración con el paisaje montañoso. En lugar de modificar el terreno para hacerlo plano, los constructores seguían las curvas naturales de las colinas y barrancos. Esto permitía que los edificios subieran y bajaran siguiendo la topografía original. Para estos pueblos, las montañas eran elementos importantes que debían conservarse intactos.