Un fondo de inversión compró un edificio con 14 viviendas y dos locales por 1.8 millones de euros. Los inquilinos han recibido notificaciones de que no renovarán sus contratos y deben abandonar las viviendas. Los residentes, algunos con décadas de permanencia, denuncian la falta de mantenimiento, como la ausencia de luz y el ascensor inoperante, y expresan preocupación por su situación.