Luis y Miguel reviven un verso de Rubén Darío que los deja perplejos: 'púberes canéforas ofrenden el acanto'. En la conversación, destacan que solo captan el 'qué' entre un mar de esdrújulas y llanas, cuestionando el sentido de palabras como 'canéforas' o 'acanto', esta última una planta.
Luis cae en su propia trampa al olvidar el verso completo, mientras Miguel busca su significado. Admiten que les atraen las palabras bonitas, aunque el español cuente con unas 90.000 o 100.000, muchas por descubrir.
La charla gira en torno a la poesía accesible, prefiriendo versos que la gente entienda, pero celebran el encanto de lo complejo como en Darío.