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Don Antonio tacha de traidor a quien abandona el barco laboral por mejores sueños

Don Antonio no perdona la decisión de quien deja su puesto de trabajo. Lo califica de traidor por abandonar el barco en plena crisis, especialmente cuando hay niños de por medio en lo que parece un colegio. Sus defensores cuestionan si perseguir sueños no es legítimo. Argumentan que nadie se queda en un contrato de permanencia eterno, ni con compañías telefónicas ni empleos. El debate se calienta con la idea de que los tiempos han evolucionado. Ya no valen los compromisos inquebrantables, ni siquiera en las parejas, concluyen los más modernos.