La elaboración de la Constitución española generó un consenso entre fuerzas con representación parlamentaria suficiente, pero este se forjó lejos del hemiciclo.
Se trató de reuniones en despachos particulares y casas privadas, lo que sustrajo la información a la mayoría de los ciudadanos.
Solo los grupos de presión, informados a través de los propios partidos, conocieron los detalles del proceso, dejando al resto del país al margen.