Los primeros indicios apuntan a un fallo en el centro de control de mando de ADIF como origen del incidente ferroviario. Las autoridades han iniciado un análisis exhaustivo para determinar qué ocurrió, cómo se produjo y si existieron deficiencias en los procedimientos de control.
El responsable ha asegurado que no utilizará a ningún trabajador como escudo y que las responsabilidades se determinarán una vez concluya la investigación. Ha expresado un profundo dolor por las víctimas y sus familias, pero ha defendido que las decisiones sobre dimisiones deben basarse en los hechos y no en presiones previas.
Se ha confirmado que el problema de comunicación se originó entre los equipos informáticos de la central de URTA y que será necesario esperar a que Itachi Rail obtenga los permisos judiciales para analizar los registros. El sistema LZB, que opera en circunstancias normales con dieciséis controladores, funcionó correctamente y eliminó cualquier riesgo antes de que se tomaran decisiones para reanudar la marcha.