La entrada masiva de migrantes en Ceuta ha generado una fuerte división entre los países de la Unión Europea. Italia, con el gobierno de Meloni a la cabeza, ha sido el más crítico con España y ha pedido la suspensión del espacio Schengen, reforzando además los controles en puertos y aeropuertos a los viajeros procedentes de España.
La Comisión Europea ha intentado rebajar la tensión. Su presidenta, Ursula von der Leyen, ha aclarado que ningún migrante irregular ha viajado desde Ceuta a la España peninsular ni al resto de Europa. El ministro del Interior español, Marlaska, ha calificado de egoísta e insolidaria la reacción de algunos gobiernos y partidos de derecha.
Estonia ha mostrado un apoyo contundente a España, calificando como traición cualquier intento de excluirla de la libre circulación Schengen. A petición de España y otros veinte estados, los ministros del Interior celebrarán una reunión de urgencia el próximo martes por videoconferencia.