La culpa es de los defectos: por qué ninguna ruleta es completamente justa
Un hombre cuenta su experiencia mientras esperaba en la peluquería de Sushi. Su hijo jugaba con un laberinto de bola que siempre caía en el mismo agujero. El observador deduce que el juego está desequilibrado y extrapola la idea a las ruletas de casino. Considera que ningún objeto fabricado es perfecto y que defectos mínimos pueden influir en el resultado. Menciona posibles imperfecciones como rugosidades en el cromo o grietas microscópicas que podrían decantar la bola hacia ciertos números.