El proyecto de la Casa de los Niños surgió para atender a los hijos de madres obreras que trabajaban largas jornadas en fábricas. Desde bebés hasta los cinco años los niños recibían educación, tres comidas diarias, higiene diaria, vacunas y atención médica completa.
Las instalaciones permitían que los pequeños pasaran tiempo al aire libre, durmieran la siesta y jugaran en entornos seguros. Esta iniciativa integral reducía la mortalidad infantil por desnutrición y evitaba accidentes en las calles cuando los niños quedaban solos.
Aunque al principio se acusó a las impulsoras de ser señoras burguesas sin verdadero interés social, el proyecto demostró su compromiso con las familias más desfavorecidas y se considera una de las iniciativas más valiosas de su época.